Cómo gestionar un despido

Para muchos cargos intermedios o para cualquier profesional con responsabilidades sobre el personal y con las atribuciones para despedir al personal, la función de proceder al despido de un empleado le supone un grave problema. A mí entender, y a riesgo de parecer extremadamente frío considero que hemos de interpretarlo simplemente como lo que es: una función y responsabilidad más de nuestro trabajo. Despedir a una persona, proceder al despido de cualquier empleado de buen seguro que no es una tarea fácil. Y de buen seguro que en ese acto, en el acto del despido se nos pueden mezclar actitudes y pensamientos profesionales, a la vez que actitudes, pensamientos y sentimientos personales, y ese es el error. El error está precisamente en no saber separar, en no saber disociar lo personal de lo profesional, en no saber discernir o adoptar el papel que toca en cada momento. Así, si tenemos presente, si interiorizamos que en el momento que tenemos que efectuar un directivo o la persona que tiene las responsabilidades de proceder al despido de cualquier empleado, debe de tomárselo de la misma forma. No es fácil hacer todo lo dicho anteriormente, por supuesto que no. Todos somos personas y tenemos sentimientos, no somos simplemente máquinas, pero de no efectuarlo de una forma aséptica y completamente profesional nos podemos encontrar con un triple problema: con la empresa que nos paga o con la rentabilidad de nuestro negocio, con el empleado despedido (por nuestra falta de aplomo) y con nosotros mismos.

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